El rincón de Jesús y Mariví

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MONS

Mons, la capital de la provincia de Hainaut, cerca de la frontera con Francia, y de unos 90.000 habitantes Ciudad industrial, situada en una colina del llamado Pays Noir, la gran cuenca carbonífera de Bélgica. Al suroeste se extiende el triste paisaje minero del Borinage. A pesar de la guerra y los asedios, Mons no ha perdido el aspecto que le dieron entre el siglo XVII y el XVIII los franceses, ni sus monumentos han sufrido mucho. Por cierto, es la patria del gran compositor polifonista Roland de Lassus.

Llegamos a la estación del tren, salimos  y caminamos hacia el casco histórico.

COLEGIATA DE SAINTE-WAUDRU: Una de las grandes joyas arquitectónicas de la ciudad de Mons es la Colegiata de Santa Waudru, importante no solo por su bellísimo estilo gótico brabantino, sino también por ser el centro de veneración de los restos de Saint Waudru, la santa Patrona de la ciudad.

La Colegiata de Santa Waudru comenzó a construirse en el año 1450. No obstante, consta en textos escritos que anteriormente existieron allí hasta otros dos o tres edificios eclesiásticos, siendo la primera de ellas una pequeña capilla merovingia. Posteriormente se amplió a una iglesia más grande bajo los auspicios carolingios e incluso pudiera ser que hubiera sufrido una renovación o restauración bajo el gobierno francés del condado de Hainaut en torno a los siglos XII-XIII. El edificio actual comenzó a construirse a mediados del siglo XV bajo la dirección del maestro de obras Jean Spiskin y con los consejos arquitectónicos de Gilles Polo y Layens Mathieu en el estilo propio de la época, a finales ya del gótico, pero con inspiraciones brabantinas, y ello a pesar de que en Europa ya empezaban a aparecer las primeras construcciones renacentistas. Un dato importante de la construcción de esta inmensa colegiata es que toda ella fue financiada con las limosnas y donaciones que se consiguieron.

   

Sin duda, y a pesar de su exterior, lo más bonito de ver en la Colegiata se encuentra en su interior, especialmente con las obras del siglo XVI que se conservan del maestro Jacques de Broeucq. Sus bajorrelieves de mármol son preciosos y representan a la “Resurrección” y a “San Bartolomé”. Curiosamente las obras de este escultor se habían perdido durante la Revolución Francesa pero se recuperaron posteriormente.

   

La tradicional Procesión de la Carroza de Oro se celebra el 30 de mayo. Pero, ojo, cuidado porque andará suelto un peligroso dragón por las calles de Mons… A esta procesión se le conoce popularmente como la Doudou, y trata básicamente de la leyenda de San Jorge y el dragón. El santo llega a la ciudad para defenderla de las artimañas de la bestia, a la que doblega y todos los habitantes de Mons se lanzan sobre el dragón al grito de: “El pueblo de Mons no perecerá jamás”. 

Desde bien temprano, son cientos, miles las personas que salen a las calles de Mons para empujar la Carroza de Oro, que porta las reliquias de muchos santos por toda la ciudad, acompañados de músicos, cantantes y jinetes. Esta extraña tradición nos traslada a 1380, cuando la Orden de la Fraternidad de San Jorge llevó a cabo esta ceremonia para honrar a su patrón y seguir haciéndolo todos los años. Según cuenta la leyenda, Mons vivirá años de sequía y malos presagios si las reliquias no llegan sanas y salvas de vuelta al santuario.

A buen seguro que todos conoceréis la leyenda de San Jorge cuando, en el siglo IV, este caballero cristiano rescató a la hija de un rey de las garras de un malvado dragón. Basada en esta leyenda, tiene lugar este día en Mons la Batalla de Lumeçon. En esta batalla aparece un San Jorge, vestido con un casco amarillo y un pantalón blanco, acompañado de los Chinchins, sus ayudantes. El Dragón, de color verde, está hecho con ramas de sauce y su cola es un árbol joven. Suele medir unos 9 metros de largo y pesa unos 180 kilos.  La Carroza de Oro, construida en el siglo XVII, se puede ver durante todo el año en la Catedral de Santa Waudru. De todas maneras, resulta muy curiosa esta tradición en la ciudad de Mons.

         

Sin duda, y a pesar de su exterior, lo más bonito de ver en la Colegiata se encuentra en su interior, especialmente con las obras del siglo XVI que se conservan del maestro Jacques de Broeucq. Sus bajorrelieves de mármol son preciosos y representan a la “Resurrección” y a “San Bartolomé”. Curiosamente las obras de este escultor se habían perdido durante la Revolución Francesa pero se recuperaron posteriormente.

 

     

  

Salimos de la Colegiata y nos dirigimos al Campanario

  

CAMPANARIO: El campanario de Mons es símbolo de esta ciudad y reconocido Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco. Esta construcción del siglo XVII, de 87 m de altura, es el único campanario de estilo barroco de Bélgica y es llamado popularmente El Catiau. Está situado junto al parque del Castillo Condal, a unos 200 m de la Grand Place.

  

 

  

Parece increíble que a pesar de las guerras, los asedios, ocupaciones extranjeras y bombardeos que ha sufrido una ciudad como Mons, aún podamos ver en ella muchos edificios de los siglos XVII y XVIII. Al llegar aquí hemos de dar las gracias porque se haya podido salvar su patrimonio histórico. Buena parte del mismo lo podéis encontrar en su Grand Place, centro social y de encuentro de habitantes y turistas de Mons. Siempre os aconsejo que en este tipo de plazas os situéis primero en el centro y la descubráis en su esplendor. Veréis edificios que van de los siglos XV al XVIII, la mayoría de ellos de color oscuro y con muchos ventanales.

    

AYUNTAMIENTO: El edificio que domina la Grand Place de Mons es el Hotel de Ville. Es decir, el ayuntamiento o municipalidad de Mons. Un edificio neogótico coronado por una torreta que no desmerece la tradición de bellos edificios consistoriales que encontramos en Bélgica, tanto en Flandes como en Valonia. Tras su fachada, el edificio alberga la Sala de los Enlaces, con sus techos ornamentados a la italiana, la Sala de los Retratos y un bonito jardín que es un auténtico remanso de paz

  

 

LA SUERTE DEL MONO:  En la fachada del Ayuntamiento hay que detenerse para tocar la pequeña figura de bronce del siglo XV que es uno de los emblemas de esta bella ciudad belga. Dicen que quien acaricia su cabeza será bendecido el próximo año

   

Por desgracia el edificio no es visitable y tan solo podemos entrar al patio interior del mismo donde se ubica un jardincito. Se trata del Jardin du Mayeur, un espacio especialmente tranquilo, en una población ya se por si bastante sosegada. El jardín de la Alcaldía,  es un lugar pintoresco y hermoso donde encontraremos la fuente de "Ropieur", una obra de bronce que representa a un muchacho joven de la ciudad.

  

    

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