El rincón de Jesús y Mariví

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BESALÚ

Un primoroso pueblo medieval a 35 kilómetros de Girona. A 150 metros de altitud, en la comarca de La Garrotxa, se alza Besalú, uno de los conjuntos medievales mejor conservados de Cataluña. Centro de poder de la parte interior de esta región durante siglos, fue un importante condado independiente que contó incluso con moneda propia. Su núcleo urbano comenzó a tejerse en torno a un castillo construido en el siglo X en lo alto de una colina, del que solo queda la iglesia de Santa María. Aunque si algo identifica a Besalú, declarado en 1966 conjunto histórico artístico nacional por su valor arquitectónico, es su puente. Antes postal idílica, ahora rey de Instagram, sigue funcionando como reclamo para los visitantes, con su torre fortificada de planta hexagonal y sus siete arcos de medio punto que se proyectan con forma de media luna sobre el río Fluvià.

  

El icónico puente románico de Besalú nos recibe al llegar. Era este un paso necesario para salvar dos ríos que se interponían en el camino de los viajeros medievales que hacían la ruta a la Garrotxa: el Fluvía y el Capellades. Besalú nació como una fortaleza entre ambos. El puente fue durante siglos el único acceso existente para llegar a Olot, eso sí, previo pago, por supuesto, del tributo correspondiente.

Se cree que el trazado original con su ángulo tan característico puede tener su origen en el siglo XI, es decir, en los años del auge de la localidad.  Su importancia fue tan grande que, cuentan las crónicas históricas, Besalú llegó a ser la próspera capital del condado entre los años 871 y 1111. Esto explica un poco el diseño urbanístico de la localidad, la importancia de algunas de sus construcciones y sus dimensiones.

Aunque son quizá sus características torres defensivas lo que más llama la atención, pero no son románicas. Se levantaron en una ampliación posterior, allá por el siglo XIV. Pero ojo, las que contemplamos hoy en día no son las originales.

En su larga vida el puente ha sufrido mucho y ha llegado a nuestros días un poco transformado. Estas piedras han visto de todo: terremotos, fuertes crecidas del río Fluviá…

Con la llegada de la industrialización en el siglo XIX y los transportes pesados, las torres fueron derruidas para permitir el paso de vehículos de gran volumen, o materiales concretos, como ejemplo las campanas del monasterio del cercano Santa María de Ripoll. Pero fue durante la Guerra Civil cuando el puente sintió más daños. Cuentan que las tropas republicanas en su huida hacia Francia destrozaron el tercer, el cuarto y el quinto arco para cerrar el paso a sus enemigos. Actualmente todo ha vuelto a su ser. La pasarela metálica que se utilizó como paso acabado el conflicto bélico ya ha desaparecido. Pero al contemplar el conjunto no debemos olvidar que gran parte de lo que se ve es fruto de una restauración moderna aunque muy fiel e inspirada en viejos documentos históricos.

  

Cruzamos el puente y entramos directos en la judería de Besalú. Esta es otra de las curiosidades de esta pequeño gran destino. En el siglo XI se instalaron aquí aproximadamente un centenar de familias judías.

Fueron pocos pero dejaron su impronta bien grabada. En parte porque eran comerciantes, sastres, prestigiosos médicos, prestamistas… profesionales reputados frente a  los cristianos, en su mayoría campesinos y ganaderos. Estaban protegidos por el señor feudal a quien pagaban importantes tributos a cambio de ciertos privilegios.

  

La belleza y el aire histórico de sus calles han convertido a menudo a Besalú en un plató cinematográfico. Acogió en mayo el rodaje de la tercera temporada de la serie de la HBO Westworld. Los creadores de la serie buscaban un lugar que conjugase antigüedad y modernidad, y la transformaron en un pueblo italiano bajo la dominación nazi en la Segunda Guerra Mundial. Antes la eligieron como localización de Juego de Tronos o El Perfume. Por algo el diario Los Ángeles Times señaló en 2017 a Besalú como el pueblo "más interesante del que nunca has oído hablar", aunque "pasarías de largo si no lo buscaras".

   

Los judíos llegaron a Besalú en el siglo IX y convivieron perfectamente con los cristianos hasta que en 1492 fueron expulsados de España por los Reyes Católicos.

Por la calle de El Call de Besalú podréis apreciar los detalles en sus casa como las inscripciones judías o los huecos junto a las puertas donde se guardaba un pergamino con textos de la Torah.

Una de las mejores cosas que hacer en Besalú es caminar sin rumbo por estas callejuelas, pero no os olvidéis de incluir en vuestra ruta la Calle del Pórtalets o la calle del Mestre Abraham.

  

   

La feria Besalú Medieval se celebra cada año el primer fin de semana de septiembre. Si tienes la suerte de poder visitar el pueblo durante este fin de semana, encontrarás un verdadero festival medieval con banderolas medievales y muchas luces. Desde funciones teatrales hasta la recreación de torneos a caballo forman parte del programa de la feria.

     

Al terminar vuestro paseo por el call de Besalú podéis acercaros a la Plaza Mayor o Plaza de la Llibertat, el centro neurálgico del pueblo donde encontraréis algunas tiendas, bares y el ayuntamiento. En esta plaza porticada se han rodado algunas escenas de la serie Westworld.

  

Muy cerca de la plaza Mayor se encuentra la plaza Sant Pere, la plaza más grande del pueblo. Allí podréis ver el monasterio de Sant Pere, fundado en el año 977 por el Conde de Besalú. El templo actual es de finales del siglo XII. Si queréis visitar su interior tendréis que preguntar en la oficina de turismo de Besalú.

Si movemos los ojos por la gran plaza de San Pedro encontramos más palacios y casas señoriales, como por ejemplo, la vivienda de los Cornellá. Ah, y los martes es aquí donde se instala el mercado donde puedes comprar de todo un poco. Desde productos de proximidad hasta recuerdos de tu estancia en Besalú.

Otra joya románica cuyas dimensiones impactan. En la plaza más amplia del pueblo (Plaza Prat de Sant Pere) se encuentra el Monasterio de Sant Pere, un sobrio monasterio benedictino del siglo X. Los dos leones que decoran la fachada de la iglesia representan el poder de la iglesia para proteger a los fieles de los posibles malos. Cuenta con tres naves que están separados por arcos majestuosos. También destacan las capillas absidales y la esbelta galería de cuatro arcos. Hoy en día solo podrás visitar el monasterio con visita guiada o con el billete del tren turístico que tiene parada de la entrada.

 

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