El rincón de Jesús y Mariví

Mi trabajoEventosPortadaviajesPerfiles

  

          AMÉRICAASIAÁFRICAEUROPAORIENTE MEDIO ESPAÑA CUENCA 

Ruta Azul: de Cuenca Capital a Alarcón

En esta ruta nuestra primera parada es en el pueblo de Mota del Cuervo. Es un municipio y localidad española de la provincia de Cuenca, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Ubicado en la comarca de La Mancha, cuenta con una población de 6035 habitantes (INE 2021). Entre sus costumbres destaca la celebración de la fiesta de Nuestra Señora de la Antigua de Manjavacas, declarada de interés turístico nacional. La localidad es conocida turísticamente como «El Balcón de la Mancha». Entre los monumentos visitables de Mota, cabe destacar sus siete molinos de viento que se sitúan sobre la loma a cuyos pies se asienta el pueblo

   

La Plaza Mayor representa el corazón acogedor y alegre de Mota del Cuervo, destinada no sólo para acoger el edificio del ayuntamiento o los juzgados sino para conformar uno de los puntos de encuentro básicos de los moteños en el día a día así como, por supuesto, en sus festejos populares. El actual edificio municipal, así como la torre del reloj adherido al mismo serían parte de un antiguo conjunto de iglesia y monasterio de la orden franciscana. De hecho el Salón de la Alcaldía conserva una hermosa cúpula policromada del siglo XVIII.

 

Subimos  a la conocida como Sierra de los molinos. No tiene pérdida, basta con mirar al horizonte y localizar el punto más alto. Allí se halla una encomiable postal quijotesca con nada menos que siete molinos de viento y unas vistas prodigiosas de la llanura manchega. La razón del apelativo por al que Mota del Cuervo se le dice «balcón de La Mancha» se explica a la perfección en este lugar de gigantes con brazos aspados y paredes blancas que conjugan a la perfección con esos cielos azules y rasos con los que suelen obsequiar las tierras manchegas buena parte del año.

 

Diversos estudios demuestran que en esta serrezuela pudo haber un total de veintitrés molinos de viento. Un superviviente de antiguo es el solitario y conocido como «El zurdo», llamado así puesto que sus aspas giran al revés de los otros seis que se sitúan al otro lado de la carretera de subida junto a un amplio aparcamiento.

 

En el molino apodado «El Gigante” se halla la oficina de turismo, en el cual los sábados por la mañana, cuando el tiempo lo permite, se pone en marcha su compleja maquinaria para celebrar una molienda como las de antaño. Toda una experiencia donde poder ser testigos de este proceso que arranca con la lectura de la dirección del viento con el objeto de posicionar las aspas correctamente y vestirlas con unas telas o lienzos, los cuales permiten que el movimiento se acelere. Arriba del todo, en la tercera planta del molino, se procede a la suelta del grano, el cual va cayendo ya molido para después, utilizando un filtro, se le convierta en harina. Un proceso similar al de los molinos de viento en tiempos de Cervantes. Merece  la pena.

  

   

Aún en el término municipal de Mota del Cuervo, aunque a una decena de kilómetros al sur por la carretera CUV-1001, se encuentra la Reserva Natural del Complejo Lagunar de Manjavacas, un lugar de interés paisajístico y, sobre todo, ornitológico, pues estos humedales de enorme valor ecológico atraen la llegada de múltiples especies de aves migratorias. El complejo cuenta con cuatro lagunas endorreicas de agua salada a la que vienen a posarse flamencos, espátulas y, durante el invierno, grullas provenientes del norte de Europa en su largo viaje al suroeste de la Península Ibérica. Posee una pista que bordea las zonas inundables así como algunos observatorios.

Continuamos la ruta y llegamos al pueblo de Belmonte. Cuna del poeta Fray Luis de León. Es un municipio y localidad española de la provincia de Cuenca, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Está situado en el punto kilométrico 342 de la carretera N-420, que va de Cuenca a Alcázar de San Juan

Lo de Belmonte no se trata únicamente de un pueblo con castillo. Más bien se trata de una máquina del tiempo en constante funcionamiento capaz de trasladar a sus visitantes a un instante cualquiera del siglo XV. Un fabuloso viaje a la época en la que el intrigante Don Juan Pacheco, primer Marqués de Villena y tercer Señor de Belmonte, ya mandaba en Castilla más que el propio Rey Enrique IV y traía de cabeza a su enemiga irreconciliable la futura Reina Isabel la Católica. Nacido en el antiguo palacio de Don Juan Manuel, Pacheco mandó erigir sobre una colina un castillo mayúsculo en estilo gótico-mudéjar que sería no sólo un poderosísimo fortín manchego sino también su morada más querida. También fue el responsable de la construcción de la Colegiata de San Bartolomé, a la que otorgaría tratamiento catedralicio y daría sepultura a sus padres y abuelos. A sus pies se fue apostando un reguero de callejuelas estrechas de muros blancos y empinadas cuestas del que fue, es y será considerado con justicia uno de los pueblos más bonitos de Castilla-La Mancha.

  

Pasamos por la Puerta de Almudí o Puerta del Rollo. Este nombre puede a que se ubicara en la cercanía de esta puerta el rollo de ajusticiamiento. Puerta de arco de medio punto. Sobre la puerta hay un hueco rectangular con un cristo crucificado

  

El Ayuntamiento: Es de 1956, una pena que no pudiera conservarse el edificio primitivo del consistorio, no obstante alguno de sus sillares se han utilizado en el nuevo, y el escudo de armas. La traza del antiguo edificio medieval permanece en el nuevo, y la antigua campana de los Jesuitas se instaló en su torre.

   

Fray Luis de León nació en Belmonte en 1527 y aunque marcho pronto a estudiar a Salamanca, en su población natalicia se pueden ver abundantes esculturas e imágenes del místico. También hay un museo en honor a su persona y en el que podemos encontrar paneles informativos, textos y audiovisuales sobre él y su obra. Podemos visitar la Colegiata, en cuya pila bautismal fue Bautizado.

 

  

Subiendo por esta calle hacia la Colegiata se encuentra el antiguo alcázar de Belmonte o Palacio del Infante D. Juan Manuel. Estuvo durante muchos años en ruinas, el último desprendimiento de la fachada fue una semana antes de la Navidad del 2005. Menos mal que se pudo conseguir una subvención y fue totalmente restaurado convirtiéndose en un espectacular hotel, en el que pueden encontrarse vestigios medievales y detalles arquitectónicos originales en muchos de sus rincones.

  

Colegiata Parroquia de San Bartolomé Apóstol: Más conocida como "La Colegiata", es la visita más sugestiva que Belmonte brinda al visitante junto con el Castillo, y en ella podemos admirar, entre otras obras, la pila en la que Fray Luis de León fue bautizado.
En esta joya del estilo gótico se puso en juego el sentido religioso y cristiano de un pueblo en una maravillosa sinfonía de cinceles y martillos, gubias y bujardas, pinceles y paletas, agujas y sedas, que empiezan en el siglo XV y terminan después del siglo XVIII.
La Colegiata de San Bartolomé está emplazada en el barrio alto de la villa, dentro del recinto amurallado, que el Marqués de Villena mandó construir de acuerdo con el concejo de la villa, y junto al Alcázar Viejo, palacio del Infante Don Juan Manuel.

  

    

Podemos admirar,  la pila en la que Fray Luis de León fue bautizado.

  

Sin lugar a dudas, una de las maravillas de la Colegiata es el Coro, tallado para la Catedral de Cuenca y trasladado a Belmonte en el siglo XVIII. Técnicos y estudiosos dan una gran importancia a esta obra, ya que es la primera sillería de Coro Historiada que tenemos en España. En ella aparecen relatos de la Sagrada Escritura que en forma de "historias" nos van narrando la Historia Sagrada, junto con escenas profanas más tímidamente tratadas.

 

 

  

Su principal atractivo es, por mucho, el Castillo de Belmonte, una construcción de estilo gótico-mudéjar que data del siglo XV y cuya construcción se inició con don Juan Pacheco. Refugio de doña Juana Beltraneja, esta fortaleza ha sido el escenario de numerosos filmes, imponiéndose en lo alto de un cerro y uniéndose a las fascinantes murallas que descienden hasta la localidad. Merece la pena adentrarse en este edificio, para apreciar los artesonados mudéjares y los relieves góticos que tienen lugar en el recinto interior.

 

Actualmente es propiedad de la casa Ducal de Peñaranda. Y desde el 2010 es visitable, después de un largo proceso de reconstrucción que ha devuelto su antiguo esplendor.

En la foto de arriba la Puerta del Campo: es la principal, en su origen tenía foso y puente levadizo hoy desaparecido. Esta flanqueada por dos torres sobre la que se abren dos huecos para el alzado del puente levadizo. En su origen era de estilo gótico; bajo su antiguo arco de entrada se rebajó su arquitectura construyendo un nuevo arco escarzano sobre el que se incrustó el escudo la familia Pacheco y los Acuña. La puerta se sitúa en el lado este. Las torres laterales están dotadas de almenas y troneras en forma de cruz y orbe.

En las fotos de abajo la  puerta de acceso al castillo situada al este, está formada por una puerta gótica trilobulada situada junto a la torre del homenaje. En el tímpano aparece la figura de un paje que se encuentra de pie sobre un pequeño pedestal situado en la clave del arco. Una de sus manos se apoya sobre un yelmo con los escudos nobiliarios de la familia de Juan Pacheco (primer marqués de Villena) y la familia de su segunda mujer María Portocarrero y Enríquez con la que casó en 1442 (la familia Girón). Esta puerta se atribuye al arquitecto Juan Guas. Entrada al patio de armas del Castillo

    

Es desde aquí donde mas fácilmente se puede observar las modificaciones introducidas por Eugenia de Montijo en el siglo XIX, ya que las galerías que forman el patio forman un conjunto un tanto distinto al resto del castillo, sobre todo por el uso del ladrillo rojo utilizado.

Dos de los lados del triangulo están formados por dos cuerpos rectangulares, resueltos cada uno por planta baja y dos pisos, en el tercer lado del triangulo que forma el patio se eleva una robusta torre de planta cuadrada en la que se concentraba la vida militar.

Estos cuerpos rectangulares o galerías, eran los lugares de residencia y estancia de la nobleza. Situadas en los flancos norte y sur, constan de dos galerías altas y planta baja. Esta última formada por arcos apuntados, el primer piso con arcos ligeramente apuntados con ventanas apuntadas geminadas y el segundo piso con ventanas apuntadas pareadas. En origen todas las plantas se encontraban abiertas al patio de armas, en la actualidad la primera y segunda planta están cerradas. También originalmente la segunda planta de la galería sur no existía. Todo esto fueron modificaciones del siglo XIX con el objetivo de hacer más agradable la estancia del castillo.

   

En el patio de armas, encontramos un singular pozo aljibe inacabado situado en el vértice de unión de las dos galerías. Este pozo tiene a su lado dos grandes columnas helicoidales que permanecen inacabadas. Hay también una gran chimenea o cocina, que bien pudiera servir para cocinar la comida de la tropa o para calentarse en las frías noches de invierno. A la derecha de la torre del homenaje encontramos una alta y empinada escalera de piedra que se introduce en la torre y que lleva a una escalera de caracol que nos lleva al camino de ronda o parte alta del castillo.

Hay un "in pace" que ejercía funciones de calabozo. Al detenido se le bajaba por un agujero cuadrado existente en el techo junto al cuerpo de guardia. En una esquina a la izquierda de la entrada, está el encaje para los condenados a morir por el suplicio de la gota de agua sobre la cabeza. Arriba se conserva el canal para el agua.

    

En la galería norte (a nuestra derecha según entramos), se encontraban las cocinas, almacenes y habitaciones de la servidumbre, en sus sótanos se almacenaban los víveres. A su lado es donde se encuentra la cocina antes mencionada y también en este lado se encuentra la escalera noble de acceso a las plantas superiores. Una escalera de caracol de uso para la servidumbre, comunica las cocinas de la planta baja con las habitaciones de servicio de la primera planta y con el dormitorio de la marquesa de la segunda planta.

  

Pasamos por la sala de armas

 

A los pisos superiores se accede por una escalera de madera, mandada construir por Eugenia de Montijo en el siglo XIX y en la cual destaca el trabajo de madera tanto de los escalones y barandillas como de los elementos de sujeción de la misma. Es una escalera noble de dos tramos de las llamadas voladas, en cuyos descansillos hay grandes escudos de la familia Pacheco realizados en yeso.

La escalera de madera nos introduce en un largo pasillo situado en el primer piso del ala norte. En este pasillo encontramos a la izquierda tres puertas que se corresponden con otras tantas habitaciones. La galería se cubre con un artesonado de madera en su color natural y con decoración geométrica.
 

 

Destaca la decoración tallada en piedra de las dos ventanas que dispone la habitación. En ellas se encuentra un minucioso trabajo en piedra realizada sobre todo el interior de la ventana tanto en los muros laterales como superior. Es el conocido como bestiario medieval pues en ellas podemos encontrar desde animales mitológicos, frailes, escudos, representaciones historiadas o formas extrañas de difícil interpretación. Es una de las salas más espectaculares de todo el castillo.

  

   

La primera habitación de planta cuadrada y de modestas dimensiones era la alcoba del marqués. Hasta ella alcanza la escalera de caracol que comunica todos los pisos y que estaba reservada para el servicio. En la actualidad se ha recreado la alcoba de lo que podría haber sido el dormitorio de Eugenia de Montijo.

   

La segunda habitación más grande que el resto de las que vamos a ver, era el salón noble de los marqueses, donde pasaban sus ratos de ocio. En la actualidad se ha decorado con muebles de época decimonónica.
 

  

Una tercera habitación en la actualidad acondicionada como despacho decimonónico debía ser la alcoba de la marquesa. Junto a esta otra habitación más pequeña probablemente para algún hijo de los marqueses. En la actualidad decorada como un vestidor de época.

  

Panorámica de Belmonte desde lo alto del Castillo

  

También podemos ver los molinos

Terminamos la ruta con la visita al bello pueblo de Alarcón. La Villa de Alarcón fue árabe hasta que en 1184 y tras una feroz batalla de más de nueve meses, fue conquistada por Hernán Martínez de Cevallos, pasando así a depender del reino de Toledo.
En el siglo XIV será de Don Juan Manuel, quien restaurará parte de la fortaleza. Y en el siglo XV de Juan Pacheco, Marqués de Villena, con el que los Reyes Católicos tendrían numerosas contiendas.

En una pronunciada hoz del Júcar se alza sobre la llanura y la brecha del valle el peñasco que sustenta Alarcón, mirador y defensa natural donde los haya. No es de extrañar que fuera elegido desde antiguo lugar de asentamiento; su foso natural y su atalaya lo designan como estrategia en la primera mirada. Pero son los árabes los que levantan la primera fortaleza y es de su lengua de donde proviene el topónimo.

Su naturaleza, altiva per se, se acrecienta por la intervención del hombre que con su mano elevó sus miraderos y sus defensas. Desde la carretera, el castillo dibuja la roca arañando el cielo y la entrada en su recinto amurallado nos sumerge en las culturas que la poblaron y fueron corrigiendo su arquitectura y su trazado sin rebosar su muralla, que se mantiene casi íntegra y se deja invadir a través de las puertas que se conservan: la Puerta del Campo, la Puerta del Calabozo o la Puerta del bodegón.

 

Solo hay un acceso para entrar en Alarcón, y este no puede ser más impresionante. Es obligatorio parar el coche antes de llegar, para contemplar esta imagen de postal resultado de la unión de la naturaleza con la mano del hombre.

La Plaza del Infante Don Juan Manuel, es amplia teniendo en cuenta las dimensiones de la villa. Algunos de sus edificios tienen sus bajos con soportales, esto nos recuerda que en ella se hacía el mercado. Entre sus edificios destaca el del ayuntamiento.
El palacio que aloja el Ayuntamiento es del siglo XV y acogía al Concejo de Alarcón. Se encuentra decorado con los escudos del segundo Marqués de Villena, Diego López Pacheco.
En la planta baja destacan los arcos carpaneles de su pórtico. En la planta primera, junto a los escudos y el reloj, vemos cinco ventanas, llama la atención que la de la izquierda sea de diferentes dimensiones y más baja. Y bajo el tejado de tres filas de tejas podemos ver unas curiosas gárgolas.
También en la plaza del Infante Juan Manuel, se encuentra la Iglesia de San Juan Bautista. Fue construida sobre una románica, de la que queda la torre, en el siglo XVI. Pero lo más sorprendente de esta iglesia desacralizada es su interior, ya que en 1995, el joven pintor Jesús Mateo cubrió todas las paredes interiores con pinturas murales.

  

La iglesia de Santo Domingo de Silos tiene sus orígenes en el siglo XII, aunque de ellos tan solo queda su portada, y el ábside semicircular. El resto es de entre los siglos XV y XVI. En la actualidad, se encuentra desacralizada y se utiliza como auditorio y sala de reuniones.

  

Sus sencillas construcciones de dos o tres alturas destacan por sus tejados con tres filas de tejas y por los escudos de armas que adornan algunas de sus fachadas.

  

El castillo conserva parte de su aroma musulmán pero sus posteriores reformas nos imbuyen de medievo que corrige, tras la reconquista, su estructura. Entre sus torres y sus defensas destaca la Torre del Homenaje, que se impone desde cualquier rincón del entorno y corona la estampa de manera inapelable. El castillo, convertido en Parador, nos proporciona el albergue, y éste el sosiego necesario para no perder detalle ni de él, ni del resto de la población y las muestras de historia impresas en sus calles, iglesias, torres y museos.

 

 

  • Ir a  mapa Cuenca                 subir arriba             ir a Cuenca Capital                  ir a Ruta Negra                      ir a ruta Roja                  ir a la ruta Amarilla                  mapa España

  • r a